LA CURIOSIDAD DE LA MONA LISA- Colaboración de Ana Muñoz

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Este post es especial porque es la primera vez que invito a alguien a escribir en mi blog. Me llegó hace ya unas semanas un mensaje  de una chica que me recordó mucho a mi en mis inicios. Le apasionan los primates, la fauna salvaje, la conservación, la recuperación de especies y, por otro lado, la investigación etológica y neurológica. Me escribió preguntándome un poco por orientación porque no tenía muy claro cómo seguir su camino, aunque en ese momento iba camino a un congreso para exponer el póster de su TFG. Ese TFG estuvo tutorizado por Iñaki de Gaspar y Miquel Llorente, y me envió el póster adjunto. Me pareció un tema tan interesante que quería escribir sobre él, pero ya que había sido su trabajo me parecía injusto escribirlo yo, por lo que le invité a que ella misma escribiera algo para publicarlo aquí. Como resultado, a partir de este momento os dejo entre las palabras de Ana Muñoz, que os aseguro no tienen desperdicio:

<<La finísima y desdibujada línea que nos separa de nuestros parientes evolutivos más cercanos, los chimpancés, ha sido estudiada desde numerosas perspectivas. Podemos considerarlos incluso un puente entre nuestra especie y todos los organismos con los que compartimos la Tierra. Como investigación de mi trabajo de fin de carrera, no pude resistirme a preguntarme qué más cualidades fascinantes esconden estos animales, siendo en este caso sus cualidades artísticas, tan únicamente ligadas desde siempre a nuestra especie.

“El arte es la ciencia de lo inútil”, escribe Luca de Tena  en su libro “Los Renglones Torcidos de Dios” en boca de su protagonista. Y, efectivamente nos preguntamos, ¿por qué surgió y se ha mantenido desde el Neanderthal una conducta que aparentemente no aporta ningún beneficio adaptativo a la especie? Muchos han teorizado sobre su origen y función: la producción de obras de arte conlleva incluso un gasto de energías, tiempo y recursos, para dar lugar a algo adaptativamente inútil, pero que parece desencadenar sensaciones placenteras al individuo; o surgiendo de un cerebro altamente eficiente con un exceso de tiempo; o incluso con el fin de establecer lazos y símbolos culturales y sociales, haciendo extraordinario lo ordinario, como los movimientos exagerados que, desde la locomoción, pudieron evolucionar a la danza o las artes escénicas.

Con ellas surge la teoría del arte como juego: esta conducta, tan observada en un amplio grupo de especies, parece tener relación con el arte por compartir características como la imaginación, simulación, la curiosidad o interés exploratorio, involucrando así bases cognitivas similares y siendo ambas “inútiles”, espontáneas e intrínsecamente gratificantes. 

Así, en nuestro estudio nos preguntamos si puede ser por ese carácter gratificante y placentero por lo que los chimpancés, una vez aprendida esta conducta como parte de un enriquecimiento ambiental y cognitivo, por ejemplo, la llevaban a cabo sin recibir ninguna recompensa posterior.

Para seguir, asumimos esta expresión artística como una expresión más allá del lenguaje verbal, que requiere de intencionalidad, y habilidades psicomotrices y cognitivas para la transformación de algo figurativo a algo tangible. Así, el individuo que lleva a cabo una conducta artística dará lugar a productos de su sentido estético, involucrando cierto simbolismo y sensibilidad estética. Teniendo en cuenta la más que conocida habilidad del uso  de herramientas de los chimpancés, orientada a conseguir alimentos, al grooming o incluso a fines culturales como “rituales” con parientes fallecidos; parecen demostrar capacidades psicomotrices para la manipulación de un pincel, si eligen ésta como su herramienta para su  expresión.

Volviendo a esa pregunta inicial, la investigación que llevamos a cabo se centra en el porqué. ¿Por qué pintan espontáneamente? ¿Es esa posible respuesta gratificante la recompensa que no reclaman? ¿Es acaso una implicación  emocional positiva o satisfactoria lo que ha mantenido la conducta artística en nuestros parientes evolutivos? 

Pues bien, para poder responder estas preguntas observamos etológicamente a varios individuos (en cautividad) y nos centramos en sus expresiones faciales y corporales, canal decomunicación de intenciones, emociones y motivaciones. Utilizamos un sistema de codificación de dichas expresiones (ChimFACS) y un catálogo conductual en el que relacionábamos los códigos de las expresiones con contextos sociales como: agonismo, sorpresa, extrañeza, risa o juego; o con algunas homólogas a la risa/sonrisa humana, o características de excitación extrema, petición o conflicto.

Después de varios análisis y pruebas estadísticas, observamos – de manera fascinante – una predominancia muy significativa de expresiones faciales y corporales presentes en situaciones de juego, risa, disfrute, sorpresa y extrañeza o excitación extrema. Es decir, ¡presencia de numerosas emociones satisfactorias y con gran carácter de juego! 

Gracias a eso, pudimos confirmar que los chimpancés llevan a cabo un uso de herramientas con fines gratificantes, en este caso, para su expresión curiosa y artística, involucrando un gran desarrollo simbólico y cognitivo. Hemos podido reafirmar, también, ese carácter gratificante y placentero del arte, por la alta presencia de emociones de risa, juego, exaltación, sorpresa o disfrute que hemos identificado, pudiendo probar ese beneficio emocional y proponiendo que dicho beneficio sea la causa por la que llevan a cabo esta conducta de manera voluntaria.

Concluimos reflexionando sobre el hecho de que una habilidad comprendida como algo únicamente humano, se da también en estos primates no-humanos, estrechando todavía más esa línea que nos separa. Desde una perspectiva evolutiva, podríamos relacionar la aparición de la conducta artística con una necesidad de establecer una nueva vía de expresión, generado emociones satisfactorias. Así, mediante ellas y la empatía entre sus conespecíficos, se origina y retiene biológicamente a lo largo de la historia, dando lugar a importantes símbolos culturales y sociales. Podemos comprender entonces esta conducta como algo innato, más que como algo accesorio, que nace en el individuo que anhela un canal de expresión estética y emocional.>>

La primera imagen pertenece al Instituto Jane Goodall y el resto a Save the chimps, de quien os dejamos este vídeo para que podáis ver mejor cómo disfrutan los chimpas cn sus obras de arte:

https://www.youtube.com/watch?v=nJ_4ulfZSKg&feature=youtu.be

Gracias Ana por hacer este resumen para el blog y mucha suerte en tu carrera profesional!

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