CUANDO LAS VACAS GANAN A LOS TIGRES

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Esta semana me ha llegado esta imagen que veis a la izquierda, que creo que es muy ilustrativa de la situación. Las nuevas estadísticas de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (PNAS), sobre la distribución de la biomasa en la Tierra nos revela datos escalofriantes que ponen de manifiesto las consecuencias de la huella del ser humano en nuestro planeta.

Según esta estadística, los seres humanos representamos apenas el 0.01% de todos los seres vivos, sin embargo hemos causado ya la pérdida del 83% de todos los mamíferos salvajes y el 50% de las plantas silvestres. ¿Cómo es esto posible?

Existen diversos motivos por lo que se produce la desaparición de estas especies, en su mayoría relacionados con el ser humano, pero si hablamos de biomasa (cantidad total de materia viva presente en una comunidad o ecosistema), debemos centrarnos en el problema que generan ciertos tipos de ganaderías a nivel ecosistema.

Este informe revela que las aves de corral suponen un 70% frente a las silvestres que son sólo un 30%. En el caso de los mamíferos estos datos son aún más extremos: el 36% somos humanos, un 60 % animales de ganado para nuestra alimentación, y sólo el 4% son animales salvajes.

No sólo se trata de que exista un mayor número de animales en granjas, sino que para alimentar a estos son necesarias muchísimas hectáreas para generar la suficiente cantidad de pienso. Para conseguir estas enormes cantidades de pienso es necesario acabar con bosques y selvas para sustituirlos por plantaciones de soja, maíz y diferentes cereales. Con esto estamos destrozando la masa forestal, a la vez que poniendo en peligro especies vegetales y animales, y las consecuencias siguen así aumentando.

¿Cuál es la solución? Un cambio en las estrategias de ganadería. Sin entrar en la decisión de ser vegetarian@s o vegan@s (eso dependerá de la decisión de cada persona), el sistema de la ganadería intensiva supone una mayor eficiencia en cuanto a mayor producción en el menor tiempo posible y se adapta a las demandas del mercado rápidamente (el uso de hormonas facilita el rápido crecimiento de los animales…). Pero sus inconvenientes afectan no sólo al bienestar de los animales (que se convierten en simple mercancía) de este tipo de ganadería, sino a todo el ecosistema: requiere de un elevado consumo energético y agua por kilogramo de alimento obtenido, es muy contaminante afectando a la atmósfera, suelo, y agua con fármacos, metales pesados, hormonas… Los fármacos y alimentación aportados al ganado además llegan a nuestros platos a través de la carne, por lo que indirectamente también los estaríamos consumiendo.

La ganadería tradicional, o ahora ecológica, supone un mayor coste, pero los animales viven en condiciones de bienestar totalmente diferentes a las anteriores, y su producción es mucho más baja. Esto supone una desventaja en el mercado, puesto que la continua demanda de carne no sería cubierta con este tipo de producción. Otra ventaja es que no aceleran el crecimiento del animal, sino que este se desarrolla como lo haría en la naturaleza, por lo que el uso de fármacos se ve reducido y estos no llegarían a nuestros platos.

Nosotr@s queremos ser coherentes con nuestras palabras, por eso en nuestros Coffee talk en los workshops, utilizamos dulces veganos, y dejamos la opción de la leche de almendra o de vaca ecológica en el café porque entendemos que no podemos obligar a tod@s a seguir una dieta concreta. Quizás cada uno de nosotros como consumidores podamos hacer algo, y decidir qué compramos y qué comemos sabiendo todo lo que supone a nuestra salud y al planeta.

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