EL TERCER OJO

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Algunos animales poseen un “tercer ojo”, llamado también ojo pineal (debido a que trabaja junto a la glándula pineal). Este se encuentra bajo la piel, por lo que no se puede localizar fácilmente, pero tiene una gran importancia en reptiles, anfibios o algunos peces cuyo ritmo biológico depende de este.

Este ojo está relacionado con la luz, pero su misión no es ver, sino controlar el ritmo circadiano. Esto es diferenciar día y noche, un día de otro. Es como si llevaran un reloj incorporado que traduce la luz que recibe en información para controlar el paso de un día a otro. Además, se ha comprobado que también les sirve para localizarse y generar un mapa mental del terreno, por lo que además de reloj, es como una brújula. En algunos casos además está relacionado con el cambio de coloración.

Pero si es una estructura asociada a una glándula ¿es un “ojo”?. En algunos peces o en tiburones, la parte fotorreceptora, es decir, la parte encargada de recibir la luz, está muy bien desarrollada y puede diferenciarse una estructura que sería análoga al cristalino y otra a la córnea de un ojo tal y como lo entendemos habitualmente, por ello se le da ese nombre.

En la evolución, los vertebrados han ido “transformando” (y lo pongo entre comillas porque no es voluntad de los animales transformarlo, sino que así se ha ido seleccionando con el tiempo), este ojo cada vez más en tejido glandular: en aves y mamíferos lo que encontramos es directamente la glándula pineal o hipófisis. Esta glándula es de tipo endocrino y produce melatonina, encargada entre otras cosas de regular las horas de sueño: por la noche aumenta la producción de esta y durante el día baja.

En los seres humanos, la glándula pineal no es más grande que un grano de arroz, y aunque otras partes del cerebro ya se encargan de regular ritmos circadianos, esta tiene un papel importante también. Se encuentra bajo el cráneo, por lo que no recibe la misma cantidad de luz que en otras especies. Además la melatonina puede relacionarse con el apetito, y en zonas donde las horas de luz son muy reducidas en invierno, se ha demostrado que existen trastornos del sueño debido a que la poca luz hace que se produzca mucha melatonina: esto se traduce en muchas horas de sueño o abatimiento, y puede crear además desórdenes alimenticios. No sólo las plantas necesitan el sol 😉

 

 

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